viernes, 28 de marzo de 2014

LEONOR DE PIMENTEL (II)

También ella fué quien solicitó al Papa el nombramiento de Gran Maestre de Alcántara para su hijo, ya que había grandes caballeros solicitando el nombramiento, pero ella no tuvo inconveniente en movilizar al Papa y al Rey don Enrique IV,  para que fuera concedido dicho nombramiento. Don Diego de Jerez, se volcó en la educación del niño, apreciando su talento. Deseo don Juan de Zúñiga de santidad, fundó en Villanueva de la Serena un convento donde retirarse bajo la Regla de San Benito, pero el Señor le tenía predestinado para otras cosas y en 1502 fue nombrado Arzobispo de Sevilla y al año siguiente Cardenal. En su afán de incrementar la cultura, fué un gran mecenas para todas las artes, pero sobre todo para los escritores, y junto con su madre, organizaron en su palacio las primeras comedias propiamente dichas, ya que hasta entonces solo actuaban los titiriteros o cómicos. La primera obra de teatro, fue escrita también por un placentino Don Luis de Miranda (1480-1530) titulada COMEDIA PRODIGA. Después se estrenaron otras escritas por Micael de Carvajal, como  LA TRAGICA COMEDIA Y EL AUTO DE LAS CORTES DE LA MUERTE. Me he ido un poco de doña Leonor, pero es que van unidas las dos vidas. El convento estaba casi terminado, tras varios años, y la señora Duquesa quería una fiesta por todo lo alto para la inauguración. Se hicieron grandes fiestas en la Catedral, y con toda pompa quería que la inauguración de la Iglesia, (ya que el convento aún estaba falto de remates) fuera tan osstentosa como la obra. Encargó a su confesor Fray Juan López, que era gran erudito, que hiciera el mas hermoso sermón. Pero cuando faltaban pcocos dias para la inauguración, enfermó y murió sin terminar de escribir su sermón. Esto, lleno de congoja a doña Leonor que no veía en ninguno de los clérigos la categoría para el evento y además no había tiempo para prepararlo. Estaba en su pensil llena de angustia encomendándose a San Vicente Ferrer una tarde, cuando uno de sus lacayos le comunicó que pasaba por la plazuela un Dominico desconocido, mandó llamarle y le propuso el hacer el sermón, a lo que accedió de burena gana. Llegó el dia de la fiesta, y aquel Dominico de poca apariencia, hizo un sermón tan hermoso, que hizo derrmar lágrimas de emoción a los presentes. Al terminar el acto, doña Leonor fué a la Sacristía para felicitrle, pero el fraile no estaba, había desaparecido del mismo modo que apareció, había sido como un milagro, pues por mas que se le buscó, imposible encontrarle ni nadie supo como desapareció tras el sermón, por lo que todos creyeron que fué el mismo San Vicente Ferrer. Los Dominicos, se habían instalado durante las obras, en un viejo caserón que fué conocido como Santo Domingo el Viejo. Mañana sigo y termino

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